Luego de once años de carrera en las escuelas nacionales de bellas artes, y de haber cumplido con todas las reglas impartidas por la mayor parte de los docentes con una visión clásica respecto a las artes plásticas; sentí la necesidad de intentar otros caminos que tuvieran más que ver con las vivencias ligadas a una problemática acorde con el tiempo y lugar en que estábamos viviendo.
Así, casi a ciegas, intenté liberarme de esas ataduras par encontrar una forma dentro de la cual me sintiera más representado expresivamente, ensayando y buscando imágenes que se aproximaran más a ese objetivo.
En el transcurso de tres o cuatro años, fui dándome permiso para trasgredir lo aprendido, que sin negarlo me permitió experimentar y descubrir en la naturaleza leyes estructurales que me enriquecieron en el lenguaje escultórico en cuanto a la forma, el espacio y el tiempo de todo lo creado por ella lo que no me había dado mi formación académica.
Impulsado por la necesidad de hacer; fueron surgiendo imágenes que sin buscarlo conscientemente comenzaron a cargarse de contenidos de una problemática existencial ligada a mis vivencias personales y a las del tiempo y lugar a los que pertenecía.
Tuve conciencia que la imagen en cualquiera de sus manifestaciones forma parte de un lenguaje propio capaz de transmitir contenidos de pensamiento y también de aquellos que están más allá de lo puramente racional.
Es difícil para mi establecer etapas definidas dadas las imágenes que surgieron, las que en todos los casos fueron la metabolización de lo que iba viviendo junto a mis contemporáneos, sin ilustrarla ni testimoniarla, pero si expresándola, fuera de cánones estéticos o modas establecidos
Desde mi porteñidad he vivido el tango visceralmente y así fueron surgiendo esas imágenes que no lo ilustran desde la representación sino desde la exaltación corporal del gesto en movimiento.
Necesitamos hacer; encontrar caminos y respuestas, descubrir y descubrirnos; desde algún lenguaje; sin saber porque ni para qué, pero emprendemos un camino y al tomarlo, comienza la aventura, la apasionante aventura de la creación que nos exprese y nos comunique con los demás; no por lo bello sino por lo verdadero.
Leo Vinci
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